
Cierta teología contemporánea se ha encaprichado con la embriagadora idea de una libertad imaginaria que funciona sin ley, norma ni obligación alguna. El nombre técnico de esta idea es antinomianismo. Este afán por libertades distintas a la libertad de Cristo ha agravado los problemas de la teología pastoral. La práctica pastoral, en ocasiones, se ha mostrado excesivamente dispuesta a dejarse guiar por esta tendencia antinomiana que implica: si Dios te ama incondicionalmente, entonces tus respuestas morales a la aceptación absoluta de Dios tienen poca o ninguna importancia; Dios te amará de todos modos, así que afirma tus intereses individuales, exprésate, haz lo que te plazca y, sobre todo, no reprimas ningún impulso. Es sobre la base de este relativismo egocéntrico y sin normas que gran parte de la práctica pastoral liberal, aunque bienintencionada, se ha adaptado al naturalismo, el narcisismo y el individualismo. Por lo tanto, se ha alejado sistemáticamente de cualquier noción de amonestación, con la esperanza de evitar la manipulación emocional. Pero, irónicamente, la culpa tiende a aumentar por la falta de una amonestación oportuna y comprensiva. Porque, si no hay una amonestación compasiva, solemos ocultar nuestra culpa de maneras que la empeoran.
Teología Pastoral: Fundamentos del Ministerio

Thomas C. Oden
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