
Algunas de las noches más memorables, y menos lamentables, de mi juventud las pasé cazando mapaches con granjeros. Es innegable que estas actividades contribuían a la economía de las familias campesinas, pero además, eran un placer; un placer en plena naturaleza, no muy diferente del que buscan los conservacionistas y amantes de la naturaleza. Como siempre supe, mis amigos cazadores de mapaches no solo estaban motivados por el deseo de acorralar mapaches en los árboles, escuchar a los perros de caza y oírse entre ellos, actividades que ya de por sí eran atractivas; también cazaban mapaches porque querían estar a pie en el bosque por la noche. La mayoría de los granjeros que he conocido, y sin duda los más interesantes, tenían la capacidad de pasear al aire libre por el mero placer de hacerlo, atentos a las actividades de los animales, entretenidos al ver a un zorro cazando saltamontes o al enigma de las huellas salvajes en la nieve.
Poniéndolo en práctica: Sobre la agricultura y la alimentación

Wendell Berry
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