
Este es un mundo donde las cosas se mueven a su propio ritmo, incluyendo un pequeño ascensor que Fortey y yo compartimos con un anciano de aspecto erudito con quien Fortey charló amablemente y con familiaridad mientras ascendíamos a la velocidad a la que se depositan los sedimentos. Cuando el hombre se marchó, Fortey me dijo: «Era un tipo muy simpático llamado Norman, que ha dedicado cuarenta y dos años a estudiar una sola especie de planta, la hierba de San Juan. Se jubiló en 1989, pero sigue viniendo todas las semanas». «¿Cómo se pueden dedicar cuarenta y dos años a una sola especie de planta?», pregunté. «Es asombroso, ¿verdad?», asintió Fortey. Reflexionó un momento. «Por lo visto, es muy meticuloso». La puerta del ascensor se abrió, dejando al descubierto una abertura tapiada. Fortey parecía desconcertado. «Qué extraño», dijo. «Aquí antes estaba el departamento de Botánica». Pulsó un botón para acceder a otro piso, y finalmente llegamos al departamento de Botánica a través de escaleras traseras y traspasando discretamente otros departamentos donde los investigadores trabajaban con esmero en objetos que alguna vez estuvieron vivos.
Una breve historia de casi todo

Bill Bryson
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