
A menos que el poder institucional refuerce el daño y los prejuicios que sufre un grupo, no se trata de opresión. Por definición, una persona de color no puede ser racista, ni una mujer sexista, porque carecen del poder institucionalizado para actuar en función de sus prejuicios. Asimismo, por definición, todas las personas blancas son racistas, no solo por las actitudes personales que solemos considerar racistas, sino también por el privilegio que la piel blanca conlleva en nuestra sociedad. Las personas blancas no pueden afirmar que no son racistas porque nacen en una sociedad que enseña el racismo y refuerza el privilegio blanco a diario, incluso antes de que puedan ser conscientes de ello. Sin embargo, las personas blancas pueden optar por ser antirracistas activas, lo que implica comprometerse con un proceso continuo de aprendizaje para reconocer el racismo en sí mismas y en las instituciones de las que forman parte, y tomar medidas para combatirlo.
Superando la brecha de clases: y otras lecciones para la organización comunitaria.

Linda Stout
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