
La diferencia entre una felicidad superficial y una alegría profunda y duradera radica en el dolor. La felicidad reside donde no hay dolor. Cuando llega el dolor, la felicidad muere. No puede soportarlo. La alegría, en cambio, surge del dolor y, por lo tanto, puede resistir toda aflicción. La alegría, por la gracia de Dios, es la transfiguración del sufrimiento en perseverancia, de la perseverancia en carácter, y del carácter en esperanza; y la esperanza que se ha convertido en nuestra alegría no nos defrauda (como sí lo hace la felicidad para quienes dependen de ella).
Reviviendo la Pasión: Meditaciones sobre el sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús según el Evangelio de Marcos.

Walter Wangerin Jr.
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